martes, 17 de junio de 2014

La escritura obsesiva - Salvador Elizondo (RM Perfiles, Enero de 2009)




Comienzo por explicar este inaudito ataque de timbrazos: sencillamente, extraño a la gente con la que compartir escritura, lectura, opiniones, aunque opuestas, enriquecedoras; ustedes, a quienes pude conocer gracias a mi absoluto atrevimiento de suscribirme a un Taller de Poesía. El balance de aquel sólo deja como saldo positivo el haber conocido personas magníficas, inolvidables, algunas muy entrañables, y otras que ni siquiera recuerdo!.... y no lo digo de manera despectiva. Mi cabeza suele jugarme malas pasadas y, por ejemplo, hace pocos días descubrí que tengo otro blog que no publiqué (evidentemente, no lo he creado para eso.... imagínense! se llama "Bestias y Demonios" grrrrrr jajajaja). Por ello muchas veces me sucede el olvido cuando menos lo necesito, otras me llegan recuerdos que creí había botado en escupitajos poéticos, en ocasiones salgo a la calle con los mismos zapatos esos de pisar huellas no indelebles de una vida que me llevan a ver aquí rostros "de allá". En fin. Si leen a Elizondo puede que piensen que su lectura me ha descalabrado completamente el escaso exoesqueleto literario que sostiene mi pretensión de escribir, llevándose en la riada mi mente toda.

Vamos ahora al libro, que es el motivo del post: su título ya delata la locura. Porque no creo que la obsesión sea buena, ni siquiera (y menos aún!) cuando es literaria. De repente, uno se encuentra abducido por ese sueño suyo en el que cree escribir un relato, y que como contratapa del libro, anuncia un sube y baja de emociones, más bien bajas o totalmente soterradas bajo una aparente lucidez. "Las palabras que escucho  mientras sueño que escribo parecen venir de un más allá, desde una vigilia remota en el tiempo y en el espacio, y aunque las oigo con claridad no las entiendo, como si estuvieran dichas en una lengua vestigial o ya olvidada". ¡Ups! ¡Eso me pasa a mí, que jamás he fumado hierba (soy demasiado deseosa de mi propio control) o que tampoco he sentido correr por mis venas la misma sangre que Elizondo!.

Tal como cuenta Anastasia (querida Kontri, besitiños) con Al Berto, para mí fue muy difícil conseguir libros de Elizondo, de hecho sólo conseguí uno, tal vez la negativa de cada librero me obsesionaba más, hasta que mi amado esposo se puso a la faena y una navidad me lo regaló. Otro quedó encargado en varias librerías... pero nunca llegó.

Empezarlo a leer fue recorrer el apestoso camino a uno mismo del que habla Hesse en "Demian", y de hecho, me tiró para atrás. Lo dejé estar en mi mesa de noche hasta que decidí que ningún espejo nos refleja más que aquel al que tememos o criticamos. Y entonces me encontré con Elizondo en el pasillo de la locura, en la misma vereda en la que iba pateando realidades y sueños, al punto de confundir unos con otros.

Sólo puedo decir que entrar en el mundo "Elizondiano" es meterse, al decir de quien escribe el prólogo, Daniel Sada*,  en el mundo del "autor más inclasificable de la narrativa mexicana". Chócala. No podía ser argentino ni español, tenía que ser mexicano, salido de la sangre de una tierra viva, ungido con la maldición de una historia y un futuro llenos de vericuetos que le permitieron escribir desde el paroxismo, o tal vez desde la más desnuda de las realidades; indudablemente nada tengo contra mi ex país ni contra mi país actual, para decir lo que digo, pero sigo creyendo que los hombres de barro y maíz que habitan la angostura inundada de mares posibles que es México, cuenta con una riqueza de autores, ante los que uno siente que... ¡nos queda tanto por leer!!!!

Para no aburrir al personal, os dejo algunos párrafos para que degustéis, y creo que donaré el libro a una Biblioteca (no a una Histórica, Kontri, corremos el riesgo que lo escondan, ya que es inclasificable!! (sic) para que puedan los obsesivos degustar este banquete de cortísimos, medianos y largos, que abduce y nos deja en suspenso ante el mundo real. O irreal. Vaya uno a saber.

El fragmento que os dejo pertenece a "Elsinore: un cuaderno", que comienza con esta cita de Jünger "Todos vosotros conocéis la profunda melancolía que nos sobrecoge al recordar los tiempos felices. Esos tiempos que se han alejado para no volver más y de los cuales estamos más implacablemente separados que por cualquier distancia. Y las imágenes de la vida son más seductoras todavía vistas en el reflejo que nos dejan, y pensamos en ellas como en el cuerpo de una amada difunta que reposa bajo tierra y que de pronto se nos apareciera, como un luminoso espejismo...."

Este cuento me recuerda a "La señorita Cora" de Cortázar, no por el cambio de narrador en una misma frase, que logra que un lector desatento se pierda por completo, sino porque cada capítulo es un sólo párrafo en el que no se distinguen  los diálogos de la narración, ni la realidad del recuerdo, párrafo que hay que leer íntegramente, y que en ese sólo hecho encarna el desafío de no contagiarse del pensamiento abrupto, del escupitajo de su oscuridad expuesta al lector, de la interminable sensación de estar en una prisión elegida, sin poder salir de ella porque Elizondo tiene la llave.

Su escritura, además de obsesiva, es exquisita, pulcra, esos cuentos que uno lee sintiendo  cuánto tiempo había pasado sin llegar a ese puerto, ignorante absoluto de su belleza.



"I
Estoy soñando que escribo este relato. Las imágenes se suceden y giran a mi alrededor en un torbellino vertiginoso. Me veo escribiendo en el cuaderno como si estuviera encerrado en un paréntesis dentro del sueño, en el centro inmóvil de un vórtice de figuras que me son a la vez familiares y desconocidas, que emergen de la niebla, se manifiestan un instante, circulan, hablan, gesticulan, luego se quedan quietas como fotografías, antes de perderse en el abismo de la noche, abrumadas por la avalancha de olvido y sumirse en la quietud inquietante de las aguas del lago. (....)Todo está inscrito en la brumosa lejanía del olvido y los seres y las cosas aparecen envueltos en esa lentitud de lo que apenas empieza a ser recordado, de lo que acaba de despertar a la vida renovada de la memoria. (...)

II
Las afinidades electivas, sobre todo si son de amistad en el orden de la vida militar, son más difíciles de entender que las del amor. Mi amistad con Fred se podía explicar un poco como la de Diosdado y el Yuca: por la atracción de los contrarios. Nos dábamos el tratamiento recírpoco de BF: mejor amigo.

III
Y nos hicimos a la mar... sólo que en condiciones adversas y precarias. No teníamos brújula. No sabíamos remar. Estaba anocheciendo. La niebla se condensaba poco a poco entre las montañas y apenas se divisaba la otra orilla del lago. "


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Daniel Sada: os remito a éste enlace de Editorial Anagrama, donde podréis leer algo sobre este poeta mexicano desaparecido físicamente en 2011.
http://www.anagrama-ed.es/autor/1226

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